La guerra en Medio Oriente ha alcanzado una nueva y violenta fase tras la entrada directa de Hezbolá en el conflicto, en represalia por el asesinato del ayatolá Alí Jamenei. La respuesta de Israel no se hizo esperar, lanzando una ofensiva sin precedentes sobre los suburbios del sur de Beirut tras ordenar una evacuación masiva. Esta expansión de las hostilidades ha provocado el desplazamiento de más de 100 mil personas hacia el norte del Líbano, reviviendo los traumas de enfrentamientos pasados y dejando a miles de civiles pernoctando en las calles de la capital.
En el plano diplomático, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, reveló la existencia de gestiones de mediación por parte de terceros países para detener la escalada. Sin embargo, la posibilidad de una tregua parece lejana luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, condicionara cualquier acuerdo a una “rendición incondicional” de Irán. La firmeza de Washington coincide con el debilitamiento financiero de Hezbolá, cuyas arcas se han visto mermadas por la crisis interna que atraviesa su principal aliado y financista en Teherán.
Por su parte, el gobierno libanés ha tomado una decisión histórica para intentar recuperar la soberanía estatal. El primer ministro, Nawaf Salam, declaró ilegales las actividades militares de Hezbolá y ordenó al ejército impedir cualquier ataque hacia Israel. El plan operativo incluye una segunda fase de desarme forzoso al norte del río Litani, apuntando a los arsenales de misiles de largo alcance del grupo chiita. Esta medida busca evitar que el país sea arrastrado a una destrucción total, aunque existe el temor fundado de que la presión sobre la milicia desencadene un nuevo conflicto civil interno.
UN PUNTO DE INFLEXIÓN POLÍTICA
La actual coyuntura deja a Hezbolá con un margen de maniobra reducido. Tras haber sido debilitada en la campaña de 2024, la organización enfrenta ahora un “movimiento de pinza” entre la ofensiva israelí y la determinación del gobierno libanés por desmantelar su estructura paramilitar. Analistas internacionales sugieren que el éxito de este plan de desarme, previsto originalmente para mayo, podría acelerarse ante la intensidad de los ataques, forzando a la milicia a elegir entre integrarse a la política institucional o arriesgarse a una confrontación directa con las Fuerzas Armadas Libanas. (NP-Gemini-La Tercera-Agencias)




