
A los 96 años ha fallecido el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, figura clave de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, autor de la influyente “Teoría de la Acción Comunicativa” y defensor de la legitimidad democrática a través del consenso racional. Partió de este mundo hoy sábado en Starnberg, en las orillas del lago de Baviera. La noticia fue confirmada por su editorial Suhrkamp, que citó un comunicado de la familia.
Habermas fue el miembro más eminente de la llamada segunda generación de la Escuela de Fráncfort y uno de los exponentes de la “Teoría Crítica” desarrollada en el Instituto de Investigación Social.
Su obras en Filosofía Política, Ética y Teoría del Derecho, así como Filosofía del Lenguaje, forman parte clave del pensamiento social contemporáneo. De hecho, fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX y principios del XXI. Sus proposiciones teóricas son estudiadas y discutidas en el mundo entero.
Nació el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, aunque otras fuentes indican Gummersbach. Habermas creció marcado por el totalitarismo del nacional socialismo alemán, durante la Segunda Guerra Mundial. Su padre, Ernst Habermas, era director ejecutivo de la Cámara de Industria y Comercio de Colonia, y fue descrito por Habermas como miembro del NSDAP desde 1933. El mismo Habermas fue líder del Jungvolk, sección de la Juventudes Hitlerianas.
Esa experiencia lo llevó a desarrollar una desconfianza radical a toda forma de autoritarismo, por lo que consagró su vida a rehabilitar el proyecto ilustrado de la razón pública.
Entre 1956 y 1959 fue ayudante de Theodoro Adorno, figura clave de la Escuela de Fráncfort. En 1961 defendió en Marburgo su escrito de habilitación, centrado en la transformación estructural de la “esfera pública” (“Historia y crítica de la opinión pública”). Entre 1964 y 1971 ejerció como catedrático en la Universidad de Fráncfort, convirtiéndose en uno de los principales representantes de la segunda generación de la Teoría Crítica. En 1968 publicó “Conocimiento e Interés”, libro que le permitió enorme proyección académica internacional.
Desde 1971 a 1983 fue director en el Instituto Max Planck para “la investigación de las condiciones de vida del mundo técnico-científico”. En 1983 volvió a la Universidad de Fráncfort como catedrático de Filosofía y Sociología, donde permaneció hasta su jubilación en 1994.
La obra de Habermas tiene múltiples fuentes, lo que se vincula con la complejidad de su obra. De autores como Immanuel Kant, Hegel y Karl Marx recupera la noción de crítica como emancipación. De Ludwig Wittgenstein retoma su filosofía del lenguaje; de George Mead, el interaccionismo simbólico; de Austin y Searle, la teoría de los actos del habla; de Max Weber, su énfasis en formación de sistemas culturales de acción. A partir de la fenomenología de Husserl construye su propia concepción del mundo de la vida; de la confrontación crítica con Niklas Luhmann surge su propia concepción de la sociedad como sistema.
Por cierto, lo clave fue su vinculación con el pensamiento con la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort: su trabajo se orienta a poner los fundamentos de la teoría social con los que procura examinar las sociedades del capitalismo avanzado. En ese sentido, la relación entre una filosofía de la razón y una teoría empírica de la sociedad, es una característica del pensamiento de Marx que Habermas asume como inspiración.
La integración de Filosofía y Ciencia Social en una teoría crítica de la sociedad es el rasgo distintivo de la obra habermasiana.
Habermas tratará de reconstruir el materialismo histórico de Marx en el contexto de las nuevas problemáticas de las sociedades del capitalismo tardío. En este sentido, la gran crítica que realizará a Marx será que reduce la praxis humana al trabajo como eje de la sociedad, en demérito del otro componente de la praxis humana que Habermas rescata como esencial: la interacción mediada por el lenguaje.
Su obra cumbre, “Teoría de la Acción Comunicativa” de 1981, colocó el lenguaje y el entendimiento mutuo en el centro de la convivencia democrática, proponiendo que el poder legítimo solo surge del consenso alcanzado mediante un diálogo libre de dominación. Sus análisis y reflexiones se orientan a la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de Derecho, así como hacia las bases normativas requeridas para configurar una esfera pública internacional.
En los años 80, Habermas se ocupó de las corrientes filosóficas críticas con la modernidad, como las corrientes neoconservadoras y la filosofía emergente del posmodernismo. El origen es su discurso “La modernidad, un proyecto inconcluso” pronunciado con motivo de la concesión del Premio Adorno en 1980. Sus ideas básicas desembocan más tarde en el ciclo de conferencias “El discurso filosófico de la modernidad”.
Su preocupación fundamental es la defensa del “proyecto inconcluso de la modernidad” y “compensar sus déficits mediante la ilustración radicalizada”.
En base a sus concepciones de la legitimidad democrática, cuestionó la reunificación de Alemania de 1989, que consideró guiada por exigencias de mercado y no por un verdadero debate democrático. Asimismo, defendió un proyecto europeo cosmopolita y democrático.
Santiago, 14 de marzo de 2026.
Crónica Digital.




