El perrito Canto – Al servicio de la verdad
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El perrito Canto – Al servicio de la verdad


El perrito Canto – Al servicio de la verdad

Conocí a Víctor al ingresar a la Universidad Técnica del Estado (UTE). Él estudiaba Ingeniería de Ejecución en Metalurgia y había hecho su enseñanza media en el Grado Oficios de la Escuela de Artes y Oficios (EAO) en la especialidad de Fundición.

El Grado Oficios ocupaba los mismos talleres que Ingeniería de Ejecución de manera que Víctor estaba familiarizado con las instalaciones y el personal y conocía a muchos estudiantes que también provenían del Grado Oficios en cualquiera de sus especialidades. Otros llegaban de la enseñanza media industrial o, como en mi propio caso, de la enseñanza media humanística.

Víctor llevaba por apodo “el Perrito” por razones que desconozco y gozaba de simpatía en el colectivo estudiantil debido a su carácter no conflictivo y por ser muy cooperador en múltiples actividades estudiantiles.

Tal vez mi primer recuerdo de Víctor fue como animador de shows artísticos que el Centro de Alumnos realizaba en escenarios improvisados en alguno de los amplios patios de la EAO.

Lo recuerdo luciendo un gorro de mapache, con cola y todo, puestos de moda en el cine por los personajes Davy Crockett y Daniel Boone. Alguna vez le pregunté si la piel era auténtica y me respondió que no, ya que esos serían carísimos. El suyo, aseguró, era de material sintético.

Cuando ingresé a la UTE el Centro de Alumnos estaba liderado por la izquierda en una lista que incluía militantes de las JJCC, Juventudes Comunistas. Esta fue reelegida al año siguiente, pero la gestión de la segunda directiva fue deficiente, de modo que se veía que iban a perder los comicios venideros a manos de una lista de “independientes”, en que su mayoría eran jóvenes de militancia oculta: demócrata cristianos, radicales y derechistas.

En esta perspectiva, se mandó al sacrificio a dos estudiantes que carecían de experiencia directiva, Víctor Canto y Claudio Laura. La lista de izquierda fue derrotada, pero Víctor y Claudio vivieron una experiencia nueva y formativa como candidatos.

La Reforma Universitaria como trasfondo

Cabe señalar que en el periodo referido, la Reforma Universitaria se había desarrollado a nivel nacional, impulsada en lo esencial por el movimiento estudiantil. El año 1967 el proceso estalló en los medios de comunicación con la toma de las universidades Católica de Valparaíso y Católica de Santiago. Sin embargo el proceso había comenzado antes en varias universidades. En la UTE, la primera gran movilización había tenido lugar en 1961 y el año 67, ante una crisis institucional, el gobierno de Eduardo Frei Montalva intervino la UTE y creó una Comisión de Reforma con participación estudiantil, la primera en Chile. Esto condujo a la renuncia del rector Horacio Aravena y a la convocatoria a elecciones de rector con participación de académicos y estudiantes en julio-agosto de 1968. En estas resultó elegido en segunda vuelta el profesor Enrique Kirberg Baltiansky.

Cabe hacer notar de que en la Universidad Católica capitalina, ante la crisis y renuncia del rector Alfredo Silva Santiago, Fernando Castillo Velasco había sido designado prorrector por una autoridad eclesiástica superior y luego fue elegido rector con participación de académicos y representantes estudiantiles. Kirberg fue el primer rector electo en claustro pleno, con el voto de todos los profesores y todos los estudiantes. En diciembre de 1968, fue elegido a la rectoría de la Universidad de Concepción don Edgardo Enríquez Frödden en claustro pleno de académicos, estudiantes y funcionarios. De allí en adelante, todos los rectores fueron elegidos en claustro triestamental.

Víctor, el diplomático de la FEUT

La izquierda, encabezada por las JJCC (en alianza con la Juventud Socialista y otras organizaciones) dirigía la Federación de Estudiantes de la UTE (FEUT) desde fines de 1965. Ella representaba a todo el alumnado de la UTE, tanto de las escuelas de Santiago: EAO, Escuela de Ingenieros Industriales (EII), Escuela de Construcción Civil (ECC) e Instituto Pedagógico Técnico (IPT), como de las Sedes provinciales (Antofagasta, Copiapó, La Serena, Talca, Concepción, Temuco, Valdivia y Punta Arenas). La FEUT era, por lo tanto, una organización masiva.

Obviamente, en medio de las transformaciones requeridas por la Reforma, surgían problemas de variada naturaleza entre grupos estudiantiles, académicos, funcionarios y autoridades. Fue en este ámbito donde luego se descubrió que Víctor tenía cualidades fuera de lo común para mediar y resolver conflictos. Nunca fue un gran orador de asamblea; hablaba lo justo, con gran claridad y siempre terminando con alguna propuesta que acercaba posiciones. Así fue como se convirtió en el diplomático de la FEUT, que recorría las escuelas y las Sedes deshaciendo entuertos y promoviendo acuerdos constructivos. En el desempeño de esta tarea adquirió un gran conocimiento de lo que sucedía en toda la universidad y se hizo conocido de las organizaciones de los tres estamentos,  así como de las autoridades.

En estas funciones, Víctor andaba siempre de punta en blanco, con terno y corbata. Alguna vez le pregunté cómo se las arreglaba para presentarse siempre trajeado sin andar acarreando una maleta de ropa. Me respondió que cuando debía pernoctar en alguna Sede colocaba su terno bajo el colchón, de manera que lo mantenía bien estirado y que usaba camisa del tipo wash and wear, que no se planchaban. Cada noche lavaba su camisa, la secaba con papel y le dejaba colgando. A la mañana siguiente, estaba lista para ser usada.

A fines de 1968 fui elegido delegado estudiantil ante el Consejo Universitario en representación de los estudiantes de Ingeniería de Ejecución de la UTE en votación nacional. Los delegados podíamos nombrar un suplente para asistir a reuniones y desempeñar tareas propias del cargo cuando fuera necesario y, en este caso, la responsabilidad recayó en Víctor Canto. Como era de esperar, Víctor estaba al tanto de lo que ocurría en las Sedes provinciales y conocía a los actores relevantes, de manera que tuvo un brillante desempeño.

Nuestra amistad, que se había iniciado años antes, se desarrolló en esta colaboración.

Víctor: el diplomático de Kirberg

A partir de agosto de 1968 la UTE tuvo un nuevo rector que hasta entonces había sido destacado empresario ingenieril y profesor de jornada parcial de la UTE y otras universidades. Don Enrique, militante del Partido Comunista (PC) había tenido un rol importantísimo en el proceso de formación de la UTE, que había nacido en 1952 a partir de una serie de escuelas técnicas de nivel terciario que no eran cobijadas por ninguna universidad. Kirberg había sido presidente de la FEMICH (Federación de Estudiantes Mineros e Industriales de Chile) y encabezado la campaña por fundar la “Universidad Industrial” entre 1945 y 1952, pero había presenciado desde alguna distancia los sucesos de 1961-1967 que gatillaron la Reforma de la UTE. Así, el nuevo rector tuvo que absorber en tiempo récord la experiencia del movimiento reformista, y en primer lugar, de los estudiantes.

Muy luego se manifestaron los problemas que el proceso generaba en viejas estructuras que ahora procuraban ponerse al día con las grandes tareas de la Reforma: modernizar, democratizar y colocar la UTE al servicio de las mayorías nacionales. (Nota1)

En estas circunstancias surgió Víctor Canto como uno de los dirigentes estudiantiles que mejor conocían la situación del proceso reformista en todas las Escuelas y Sedes de la UTE, así como a los principales líderes de los tres estamentos. Si a esto sumamos sus habilidades diplomáticas, entenderemos cómo se convirtió en uno de los colaboradores más cercanos del rector Kirberg, quien le encomendaba resolver problemas en cualquier ámbito de la universidad.

A esas alturas el apodo “el Perrito” había caído en desuso y fue reemplazado por “el Capo Cantus”, “capo” por sus habilidades y “Cantus” como latinización de su apellido.

Una anécdota

En 1970 la UTE realizó su primer Congreso con el objeto de hacer un balance del proceso reformista y proyectarlo hacia el futuro. Todas las Escuelas y Sedes eligieron representantes de los tres estamentos para participar en tan trascendente debate. Víctor fue elegido representante estudiantil.

Durante una de las sesiones, Canto pidió la palabra y se la otorgaron por un periodo de cinco minutos, que había sido acordado previamente. Subió al escenario, se sentó en la testera y, con su conocido laconismo, en tres minutos dijo lo que tenía que plantear y se puso de pie. Quien presidía el debate le hizo ver que aún le quedaban dos minutos y el orador pareció sorprendido de que se le pidiera continuar. Por jugarle una broma, sus compañeros delegados estudiantiles comenzaron entonces a cantar “La vida es eterna en cinco minutos” hasta que con una sonrisa Víctor bajó del escenario entre los aplausos del público.

Víctor y el gobierno de Allende

Salvador Allende fue elegido Presidente de la República en septiembre de 1970. Al iniciarse su gobierno, numerosos cuadros universitarios de izquierda pasaron a ocupar cargos en el aparato estatal. Víctor fue asignado a un rol menor en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Muchos previmos el inicio de una promisoria carrera diplomática que habría tenido que pasar por cursos, y responsabilidades crecientes durante varios años, pero a poco andar, el PC estimó que los talentos de Víctor estarían mejor empleados en el corto plazo en una posición directiva y lo designó a la cabeza del sello discográfico DICAP (Discoteca del Cantar Popular). Le correspondió entonces desempeñar un rol clave en la batalla cultural, donde se producían los discos de los más destacados músicos e intérpretes de la izquierda.

DICAP existió entre 1967 y 1973, habiendo nacido como Sello Jota Jota. Publicó varios de los mejores discos chilenos de todos los tiempos según la revista Rolling Stone. La “Cantata Santa María de Iquique”, de Quilapayún, “Pongo en tus manos abiertas” y “La Población”, de Víctor Jara, “Autores Chilenos” de Inti-Illimani, “Canciones reencontradas en París”, de Violeta Parra y “Blops”, de Los Blops estuvieron entre ellos. Angel e Isabel Parra, El Trío Lonqui y Tiempo Nuevo también grabaron en DICAP.

Con ocasión del golpe de Estado de 1973, el local de DICAP fue asaltado y sus contenidos destruidos.

Víctor en el Estadio Nacional

Por considerárselo dirigente de la coalición liderada por Allende, Víctor fue detenido inmediatamente después del golpe y enviado al Estadio Nacional, convertido en campo de tortura y exterminio. Allí se encontró con los presos de la UTE, entre quienes me encontraba yo, que habíamos pasado primero por el Estadio Chile y algunos de los cuales llegaríamos eventualmente al campo de concentración de Chacabuco.

Las JJCC y el PC, como otras agrupaciones de izquierda, se organizaron rápidamente entre los presos políticos. El objetivo fue mantener la comunicación entre los dirigentes presos en diversos sectores del estadio y prestar ayuda a los compañeros más dañados por la tortura.

Así por ejemplo, la “escuadra de servicio”, que repartía la comida entre los presos y que inicialmente los militares habían entregado a miembros del lumpen, fue tomada por un grupo encabezado por Luis Alberto Corvalán Castillo, hijo de Luis Corvalán, secretario general del PC. Esto permitió mejorar la distribución de comida y llevarla clandestinamente a compañeros torturados que estaban en situación de aislamiento y a quienes los captores no alimentaban.

Los militares siempre tuvieron problemas para llevar la cuenta de los prisioneros en el estadio, debido a que ellos llegaban continuamente, algunos eran asesinados, otros cambiados de lugar dentro del recinto, llevados a otros lugares de detención o puestos en libertad.

Un mayor de ejército a cargo del conteo pidió ayuda a los prisioneros para llevar a cargo esta tarea y Víctor se ofreció de inmediato, quedando a cargo de la lista general. Había oficiales que se encargaban de sectores específicos del estadio y todos, al final del día, debían reportar a Víctor, quien efectuaba el conteo general y lo entregaba al mayor.

Así fue como un día me tocó presenciar una escena sorprendente: Víctor llamaba la atención al oficial diciéndole: “Mi mayor, los sectores 3 y 5 aún no se reportan conmigo. Dígale a su gente que se apure, porque si no tengo los datos ¡no hay conteo general!”. El oficial parecía pedirle disculpas a Víctor. Esto habría sido risible si no hubieran estado torturando y asesinando gente a pocos metros del lugar del suceso.

Por otra parte, en medio de la matanza, los militares autorizaron la realización de “shows” dentro de los camarines donde se hacinaba a los presos y también en las graderías a las que se nos sacaba durante algunas horas cada día. Allí nos reencontramos con Víctor y ensayamos la canción “En qué nos parecemos”, popularizada por Quilapayún. La cantábamos a dos voces ante los aplausos de un auditorio literalmente cautivo.

Víctor en Chacabuco

En Chacabuco Víctor tuvo un doble rol. Por una parte se destacó en el liderazgo de los presos del pabellón de casas que habitaba, con lo que llegó a ser Jefe de Pabellón y, con ello, miembro del Consejo de Ancianos, que era el grupo designado por los prisioneros para entenderse con los militares.

Por otra parte, fue miembro del grupo ¨Los de Chacabuco”, formado y dirigido por el cantautor Ángel Parra a solicitud del capellán Varela, del Ejército, para que lo ayudara a cantar misa tanto para los militares como para los prisioneros. Este grupo musical fue protagonista de una novedad histórica, puesto que en el mismo campo se grabaron clandestinamente dos casetes con sus interpretaciones. La primera grabación fue realizada desde debajo del escenario donde se realizaba el show dominical, por Luis Alberto Corvalán Castillo con la ayuda de otros presos políticos y la segunda, en el local que el conjunto tenía para realizar sus ensayos. En ambos casos, se utilizó una grabadora de casete prestada por un capellán y las casetes fueron sacadas del campo, también clandestinamente, por Ángel Parra y Ernesto Parra, quien sucedió a Ángel como director del conjunto tras ser liberado el primero.

Nuestro reencuentro con Víctor en Chacabuco dio lugar a largas caminatas en las que recorríamos las soleadas calles y canchas del campo conversando de lo humano y de lo divino. (Nota 2)

Víctor durante la dictadura y después

Como otros expresos políticos, Víctor se encontró desempleado y discriminado al salir de su cautiverio. Muchos de sus amigos salieron al exilio, pero él decidió quedarse en Chile a capear el temporal.

Entre 1975 y 79 trabajó en el Servicio Industrial de Terminaciones de construcciones (SINTER). Durante este periodo contrajo matrimonio con María Inés Olivares Moreno con quien tuvo dos hijos: Víctor Andrés y Paola Andrea.

Entre 1980 y 1984 se desempeñó en el Servicio de Fotocopias e Imprenta (SERPOFIC).

De allí en adelante, aprovechando su experiencia previa, operó como free lancer en terminaciones industriales y también en fotocopias y servicios de imprenta. En esta etapa, debido a su condición de expreso político, Víctor y su esposa recibieron frecuentes amenazas de muerte y diversos hostigamientos.

Después del fin de la dictadura (1990), su condición de militante comunista lo excluyó de posibles empleos en el aparato estatal y más tarde decidió jubilar, acogiéndose a la Ley Valech, que benefició a expresos políticos.

Sus últimos años los vivió en Calera de Tango, pequeña localidad a 28 kilómetros de Santiago, dedicándose a promover la atención de salud para personas mayores.

Víctor falleció en 2025. Su velatorio y cremación atrajeron a numerosos compañeros y amigos que lo habían conocido en la UTE, en DICAP, en Calera de Tango y otros lugares.

En lo personal, soy un convencido de que, si no hubiera ocurrido un golpe de Estado, Víctor habría vuelto al servicio diplomático, talvez llegando a ser Ministro de Relaciones Exteriores de un Chile muy distinto.

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Notas

1  Ver por ejemplo:

Enrique Kirberg Baltiansky, “Los nuevos profesionales. Educación universitaria de trabajadores. Chile: UTE, 1968-1973”, Universidad de Guadalajara, México, 1981.

Luis Cifuentes Seves, “Kirberg: Testigo y Actor del Siglo XX”, Primera edición Fundación Kirberg, 1994; Cuarta edición Editorial USACH, 2023.

Luis Cifuentes Seves (editor y coautor), “La Reforma Universitaria en Chile (1967-1973)”, Editorial USACH, 1997.

2 Las grabaciones clandestinas de Chacabuco se publicaron como discos en Europa en los años 70. En los años 2000 se publicaron en Chile y se encuentran en el sitio Web www.cantoscautivos.org

Hay numerosos libros que cubren las experiencias relevantes a este recuento. Una bibliografía supera los alcances del presente artículo. También hubo producciones cinematográficas tales como “Estadio Nacional” (Carmen Luz Parot), “Chacabuco, memoria del silencio” (Gastón Ancelovici) y “Yo he sido, yo soy, yo seré” (autoría en disputa).

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Agradecimientos: A Jorge Canto Fuenzalida y a la esposa e hijos de Víctor por datos aportados. A Marisol Vera por su revisión del manuscrito.

Por (Dr) Luis Cifuentes

Santiago de Chile, 21 de noviembre 2025
Crónica Digital

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