Simeón Pérez Marroquín, conocido bajo el alias “El Viejo”, confesó que el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, ocurrido en junio del año pasado, fue ordenado por la Segunda Marquetalia. El condenado, quien recibió una sentencia de 22 años y cuatro meses de cárcel, reveló en su declaración que el grupo disidente de las FARC ofreció mil millones de pesos colombianos para ejecutar el atentado en Bogotá.
La confesión de Pérez Marroquín confirmó la hipótesis de las autoridades sobre la planificación del magnicidio. Según el testimonio, el operativo fue coordinado bajo las órdenes de “Zarco Aldinever”, quien fuera el segundo al mando de la estructura criminal hasta su muerte en territorio venezolano semanas después del ataque. El atentado fue materializado por un sicario menor de edad en medio de un mitin político del partido Centro Democrático.
UN LEGADO FAMILIAR MARCADO POR LA VIOLENCIA
Miguel Uribe Turbay era miembro de una de las familias con mayor trayectoria política en Colombia. Hijo del expresidente Miguel Uribe Londoño y de la periodista Diana Turbay, su historia personal estaba ligada a las tragedias del conflicto interno. Su madre falleció en 1991 durante un fallido operativo de rescate tras ser secuestrada por el cártel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, para presionar contra la extradición.
IMPLICANCIAS PARA LA SEGURIDAD EN COLOMBIA
La revelación de estos detalles judiciales pone nuevamente el foco sobre la capacidad operativa de las disidencias de las FARC en las zonas urbanas y su relación con el narcotráfico. La justicia colombiana continúa procesando a los demás implicados mencionados en el relato de “El Viejo”, buscando desarticular la red de apoyo logístico que permitió el asesinato de un aspirante a la Casa de Nariño en plena capital. (NP-Gemini-La Tercera-Agencias)




