Mon Laferte merece recibir la Gaviota de Platino en el Festival de la Canción de Viña del Mar – Al servicio de la verdad
Entretenimiento

Mon Laferte merece recibir la Gaviota de Platino en el Festival de la Canción de Viña del Mar – Al servicio de la verdad


Mon Laferte merece recibir la Gaviota de Platino en el Festival de la Canción de Viña del Mar – Al servicio de la verdad

Por cierto, entregar la Gaviota de Platino no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Es el máximo reconocimiento del Festival de la Canción de Viña del Mar, reservado para leyendas que han dejado una huella imborrable en la cultura hispana. En ese contexto, si hay una artista chilena contemporánea que ha hecho méritos de sobra para reclamar ese lugar en el Olimpo de la música, es Mon Laferte, quien hoy se sube por tercera vez al escenario de la Quinta Vergara.

Mon no es solamente una cantante de pop. Es una compositora y artista caracterizada por la excelencia y la versatilidad, que ha logrado dominar géneros tan diversos como el bolero, el rock alternativo, la cumbia, el tango y la canción de autor. Demuestra una maestría técnica y creativa que pocos artistas poseen en la actualidad.

Desde que se radicó en México, Monserrat Bustamante no solo “triunfó en el extranjero”, sino que se convirtió en la artista chilena más escuchada a nivel mundial en la era digital y la con mayor proyección internacional. Como se sabe, ha ganado múltiples Latin Grammys y reconocimientos. Su éxito ha puesto el nombre de Chile en las carteleras de los festivales más importantes del mundo y en los escenarios más importantes del mundo de la música.

Por otro lado, pocos artistas tienen una historia tan circular y poética con Viña del Mar. Desde sus inicios en el programa “Rojo” hasta su regreso triunfal como estrella consagrada, Mon representa la resiliencia: la capacidad de que el talento prevalezca. Su regreso en 2017 y 2020 no fueron simples conciertos: fueron catarsis colectivas, hitos de enorme impacto.

La Gaviota de Platino sería el cierre perfecto para este arco narrativo: la validación definitiva del pueblo chileno a su hija pródiga.

A todo lo anterior, hay que agregar que Mon Laferte ha usado su plataforma para dar voz a temas de interés general: memoria histórica, derechos sociales e identidad latinoamericana. Su música tiene contenido, tiene alma y una postura clara. Entregarle el Platino es reconocer que el Festival de Viña no solo premia el entretenimiento, sino también la trascendencia cultural.

Otorgarle la Gaviota de Platino a Mon Laferte no sería un acto de generosidad del Festival, sino un acto de justicia: una deuda del corazón de Chile con una mujer que aprendió a convertir el dolor en un himno universal. Es reconocer que estamos ante una artista que ya no pertenece solo a Chile, sino al patrimonio musical de América.

Mon Laferte no llegó a Viña desde una alfombra roja. Llegó desde el eco de los cerros, desde el esfuerzo de los hombres y mujeres de trabajo y la música entonada en los bares donde la voz se raspa para ser escuchada. Entregarle el Platino es honrar la historia de la niña que soñaba con el escenario mientras el viento le despeinaba las penas.

Su garganta prodigiosa no solo emite notas: exhala la nostalgia del bolero, el grito del rock y el llanto de la canción popular. Mon no canta, se desangra en cada verso, y en ese sacrificio emocional, el “Monstruo” encuentra su propio reflejo. El Platino no sería para ella, sino para esa conexión mística que logra hacer que miles de almas latan al unísono.

Es la heredera de la fuerza de Violeta Parra y la intensidad de las grandes divas de Nuestra América americanas, con un sello tatuado en la piel que es solo suyo. Ha llevado el nombre de Chile como una bandera de libertad, rompiendo moldes y desafiando al silencio. Darle el máximo galardón es reconocer que su arte ha trascendido la categoría de una “estrella” de la industria de la música para convertirse en patrimonio vivo, en una mujer que, con su guitarra al hombro, conquistó el mundo sin olvidar jamás de dónde viene.

Viña la vio nacer, la vio partir y la vio volver convertida en leyenda. La Gaviota de Platino es el abrazo final, el beso de una patria que reconoce en ella su propia identidad: rebelde, apasionada y profundamente humana.

Santiago, 26 de febrero de 2026.

Crónica Digital.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *