El encuentro entre Julio Cortázar y el historiador Luis Vitale para promover la solidaridad con Chile – Al servicio de la verdad
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El encuentro entre Julio Cortázar y el historiador Luis Vitale para promover la solidaridad con Chile – Al servicio de la verdad


El encuentro entre Julio Cortázar y el historiador Luis Vitale para promover la solidaridad con Chile – Al servicio de la verdad

Si bien su literatura hace el deleite a las generaciones jóvenes, los septuagenarios fanáticos de Julio Cortázar no escatimamos espacios para recordarlo, especialmente el 12 de febrero, fecha de su deceso en París. Sabemos que Cortázar fue un adherente fogoso con el proceso socio–político de la Unidad Popular. Igualmente, mostró activa solidaridad con los presos políticos y asilados chilenos en 1979, gracias a la gestión personal del historiador Luis Vitale.

Como se sabe, Julio Cortázar fue un notable escritor de origen argentino, uno de los autores más originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve, y autor de novelas como “Rayuela”, que dieron origen a una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano.

En 2014 el periódico anarquista chileno “La Boina”, publicó el siguiente artículo que por su importancia debe ser conocido, en una versión corregida, en el 42 aniversario de la muerte del insigne escritor.

ENCUENTRO EN CARACAS ENTRE JULIO CORTÁZAR Y LUIS VITALE

Hasta 1980, quizás porque el militarismo estaba más encubierto, en oposición al resto de América Latina donde los dictadores uniformados funcionaban con el Plan Cóndor, México, Costa Rica y Venezuela eran los lugares donde más se congregó el exilio latinoamericano. El sectarismo partidista que se daba en los países afectados, se trasladó también a las naciones donde se refugiaron, en que la desconfianza y enemistad entre compañeros que padecían el destierro, prevaleció en muchos rincones extranjeros.

Luis Vitale Cometa tenía origen argentino y era un chileno por adopción. Integró el primer Consejo Directivo de la Central Única de Trabajadores (CUT), que en 1953 fundó Clotario Blest, con el que construyó una enorme cercanía. De hecho, juntos participaron en 1965 en la creación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en el que participaron por un breve período. Vitale destacó como académico e historiador, autor de obras reconocidas como “Interpretación Marxista de la Historia de Chile”. Al ser expulsado de Chile luego de estar prisionero tras el Golpe de Estado, se radicó en Venezuela y allí dirigió el Centro de Estudios Sociales, adscrito a la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Quien escribe estas letras, en calidad de emisario de Blest, se trasladó a Caracas. Trabajamos junto a Vitale, coordinando “acciones de solidaridad” con el Comité de Defensa de Derechos Humanos y Sindicales de Chile (CODEHS), creado en 1970 y presidido desde entonces por Blest, prolongando su actividad en tiempos de la dictadura.

En Chile se consolidaba resueltamente el modelo económico neoliberal –valiéndose de la destrucción del aparato productivo y altísimos niveles de desocupación– y con la clave cooperación del brazo armado y sus aparatos de inteligencia, que infunden represión y terror frente a cualquier brote de descontento,.

Un día de agosto de 1979, Vitale me comentó en un café caraqueño que había encontrado una vía para fortalecer las redes de apoyo a la resistencia que existía en Chile. Consistía en la participación en la “Primera Conferencia Internacional sobre el Exilio y la Solidaridad Latinoamericana”, organizada, entre otros, por la Universidad Central de Venezuela y el Tribunal de los Pueblos (Tribunal Russel), que se realizó desde el 21 al 27 de octubre de ese año, en Caracas y Mérida.

Entre los conferencistas estuvieron: Felipe González (quien después sería Primer Ministro de España), Sandro Pertini (posteriormente Presidente de Italia) y François Mitterrand (que llegó a ser Jefe de Estado de Francia). Además, participaron Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Armando Uribe Arce, Eduardo Galeano y Julio Cortázar. Para tal evento, Vitale mandó a confeccionar un afiche en blanco y negro con el rostro de Clotario y la inscripción: “Por la defensa de los Derechos Humanos y Sindicales en Chile, apoya al CODEHS”, señalando la dirección de la morada de Blest en el centro de Santiago.

Con su tono argentino–venezolano Vitale me dijo: “Este cartel debemos entregarlo a cada delegado internacional y comprometerlo a que se comuniquen directo con nuestro viejo”. Agregó, pícaramente. que “de paso, malograremos negocitos que tienen algunos chilenos pertenecientes a partidos políticos”…

Llegado el día y luego de la destacada inauguración del Encuentro Internacional, a cargo del Presidente de Venezuela Luís Herrera Campins y la viuda del Presidente Allende, Tencha Bussi, nos dirigimos a la gigantesca mansión de Miguel Otero Silva –dueño del diario “El Nacional” y editor de las memorias póstumas de Neruda–, quien nos ofreció un cóctel, para más de quinientos delegados en su parque jardín. Situado bajo un frondoso árbol –a modo de mitigar el calor–, Lucho, que vestía un impecable traje de llanero venezolano e incluido un impresionante sombrero, cada cierto tiempo era abrazado por los asistentes. Después me enteré que varios habían participado en la Campaña Internacional para demandar la libertad del historiador, ya que Vitale estuvo preso por dos años en el Estadio Nacional, el Estadio Chile y en el campo de concentración Chacabuco, ubicado en el desierto chileno. Entretanto, Vitale ya tenía seducida a una socióloga francesa con quien vivió un fogoso romance mientras duró el Congreso.

Repentinamente, se ausentó unos minutos, reapareciendo posteriormente con un pañuelo gaucho al cuello y el afiche de Clotario. Cortésmente me pidió que lo acompañara hasta un grupo de personas donde sobresalía una figura muy alta. Al enfrentarme, mi emoción me paralizó. Luciendo una cuidadosa barba y anteojos metálicos, guayabera blanca y colgando una máquina fotográfica, estaba Julio Cortázar, uno de los referentes literarios de mi adolescencia. Para entonces yo tenía veinticuatro años.

Luis Vitale, articulando un acentuado dialecto rioplatense, saludó a su paisano: “Te acordás, Julito, cuando en el Congreso en Bremen, sobre el tango, bailaste y yo toqué el bandoneón”, interrumpiendo la frase un conceptuoso abrazo de Cortázar, quien replicó: “Luchito, estás todo un llanero, pero tu pañuelo gaucho te da el toque de Martín Fierro”, iniciándose un diálogo entre ambos.

Vitale le explicaba pausadamente lo significativo que sería discutir en el Congreso, que las prestaciones humanitarias fueran directamente canalizadas desde el interior de los países bajo dictaduras militares, por entidades de defensa de Derechos Humanos, evitando que las dirigencias de los partidos políticos se encargaran de resolverlas, pues siempre privilegiaban a sus cercanos, abandonando a su suerte a una gran parte de los militantes de base. Yo, en cambio, enajenado en cada pausa que me proporcionaba Vitale para que complementara sus dichos, me dedicaba a formular un sinfín de interrogantes a Julio Cortázar, de carácter literario, como si el olor a éter era el puente para pasar de la época precolombina a la autopista en el cuento “La noche boca arriba”. Finalmente, el escritor sugirió a Luis que presentara esa moción para la plenaria, comprometiéndose a patrocinarla.

La jornada del 22 de octubre, se realizó en Mérida a seiscientos kilómetros de Caracas en la Universidad de Los Andes. Resultó ser monotemática y conflictiva. Los aparatos partidistas latinoamericanos desplegaron al interior del Congreso una parcial interpretación de la realidad, siendo los chilenos los más truculentos, al asegurar que la Junta Militar caería al año siguiente producto de las movilizaciones del “Frente Antifascista” o de un futuro foco guerrillero en el sur del país.

En el ínterin de esos días, de acuerdo a la estrategia de Luchito, continuamos apoyando la propuesta mediante la difusión del afiche, para así informar a los otros delegados –muchos representantes de gobierno y organismos internacionales– acerca de las reales actividades que se realizaban en Chile, pues el mito de las guerrillas y la resistencia traspasaba fronteras.

Lo cierto es que apenas existía una oposición, debilitada continuamente por la dictadura. Para ese año, 1979, los revolucionarios se habían convertido en mártires y los que vivieron lo hacían en el exilio, para regresar una década después, “renovados”, para insertarse en el neoliberalismo. A ello se sumaba la actividad del movimiento de derechos humanos y de parte del sindicalismo, ámbitos en los que trabajaba el CODEHS. Recién en 1983, surgieron las primeras protestas sociales callejeras con carácter masivo.

Horas antes de la clausura de la Conferencia de Russel, Cortázar apoyaba en la plenaria el voto de Luis Vitale –consensuado entre ambos– de legitimar a las entidades de Derechos Humanos y Sindicales del interior de cada país, firmando a la vez públicamente junto a Benedetti el documento de apoyo al CODEHS redactado por Luchito. Recordemos que en el caso de Chile fue desde esa entidad donde surge la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), en julio de 1975, en la casa de Clotario. Los Primeros de Mayo, inicios del descontento en la calles durante el primer lustro de la dictadura, fueron organizados por ese Comité, como igualmente la emblemática romería a Lonquén. Se trabajó también en sacar del país a prisioneros políticos que no eran reconocidos por los partidos y amparando a los grupos de Familiares de Ejecutados Políticos y Exiliados. Se confeccionaban Boletines y se organizaba ayuda social.

A partir de ese Encuentro y la firma de dicho documento, organizaciones internacionales como ACNUR, ONU y Gobiernos de distintos países reconocieron las demandas solicitadas por los organismos de Derechos Humanos de cada país, generando un giro relevante en lo que se venía haciendo en materia de solidaridad. En Chile, a contar de 1980, pudieron exiliarse quienes no contaban con garantías de los partidos.

Cortázar, minutos antes de retirarse del lugar, me entregó una copia de su ponencia leída en la Conferencia, firmando una dedicatoria para Clotario, junto a su dirección de residencia en Francia. Blest se encargó de enviarle quincenalmente por cuatro años, hasta la muerte del escritor, nuestro boletín CODEHS e informes especiales sobre la coyuntura política del país, mimeografiados, las cuales eran contestadas por Julio epistolarmente.

Por Oscar Ortiz. El autor es escritor e historiador. Fue uno de los principales colaboradores de Clotario Blest entre 1970 y 1990.

Santiago, 19 de febrero de 2026.

Crónica Digital.

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