El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, aseguró este domingo que su país no pretende que Europa se convierta en un “vasallo”, saliendo al paso de las interpretaciones generadas por su reciente intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Durante una visita oficial a Eslovaquia, el jefe de la diplomacia estadounidense afirmó que el objetivo de Washington es consolidar un aliado estratégico para enfrentar amenazas comunes, enfatizando que una Europa fortalecida, tanto individual como colectivamente, redunda en una OTAN más robusta.+1
Estas aclaraciones surgen luego de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reaccionara al discurso inicial de Rubio instando a la Unión Europea a fomentar activamente su independencia para reequilibrar la relación con Norteamérica. En rueda de prensa junto al primer ministro eslovaco, Robert Fico, Rubio insistió en que “nunca ha querido que Europa dependa” de su país y que la cooperación entre socios es una cuestión de sentido común para la seguridad transatlántica.
Sin embargo, el tono del secretario de Estado ha generado una ola de críticas entre líderes europeos, senadores demócratas y organizaciones internacionales. Su discurso en Múnich, cargado de referencias a la “herencia cristiana” y al presunto “declive de la civilización occidental”, fue calificado por diversos sectores como una proclama supremacista. Además, su llamado a una reforma integral de las Naciones Unidas, organización a la que tachó de irrelevante ante los desafíos actuales, profundizó el malestar diplomático.+1
La respuesta desde Bruselas no se hizo esperar a través de la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, quien rechazó las narrativas que presentan a una Europa “decadente”. Kallas lamentó lo que describió como un “apaleamiento europeo” que parece estar de moda en ciertos sectores políticos estadounidenses, defendiendo la vigencia y fortaleza de la civilización del viejo continente frente a los calificativos peyorativos utilizados por el funcionario norteamericano.
Por último, organizaciones como Amnistía Internacional se sumaron a la condena de las palabras de Rubio. La secretaria general del organismo, Agnès Callamard, calificó la visión presentada por el secretario de Estado como “increíblemente racista” y criticó la falta de una comprensión multidimensional del orden global actual. Este cruce de declaraciones marca un punto de fricción relevante en la relación bilateral, evidenciando visiones contrapuestas sobre el futuro de la alianza occidental. (NP-Gemini-La Tercera-Agencias)





