Un ataque aéreo ruso de gran magnitud contra Ucrania dejó al menos 14 muertos, entre ellos tres menores, según las autoridades locales y el presidente Volodímir Zelenski. El bombardeo, que incluyó casi 600 drones y más de 30 misiles —entre ellos dos hipersónicos Kinzhal—, destruyó edificios residenciales en Kiev, dañó una escuela, un centro comercial y hasta instalaciones diplomáticas como la misión de la Unión Europea y la oficina del British Council.
Rusia sostuvo que sus objetivos eran infraestructuras militares y vinculadas al sector de defensa, pero Ucrania y sus aliados denunciaron que se trató de una «deliberada matanza de civiles». Líderes europeos, como Emmanuel Macron, Keir Starmer y Ursula von der Leyen, condenaron enérgicamente la ofensiva, prometiendo mantener la presión sobre Moscú mediante nuevas sanciones.
Zelenski reprochó que Moscú rechace negociar la paz y, en su lugar, intensifique los ataques, lo que refleja —según dijo— la preferencia del Kremlin por la violencia sobre el alto al fuego. Este episodio se produce más de tres años después del inicio de la invasión y en un contexto de estancamiento diplomático pese a los intentos impulsados desde Washington. (NP-Perplexity-AFP-Emol)